La mujer azteca

(In: 1. Encuentro Internacional en Pécs de Latinoamericanistas de
Europa Central Pécs, 2003. április 4-5.) és
(In: Iberoamericana Quinqueecclesiensis 2. Eds.: Ferenc Fischer, Gábor Kozma,
Domingo Lilón; Universidad de Pécs, Centro Iberoamericano, Pécs, 2004., 537-554. o.)


© 2003 Ambrus Attiláné Dr. Kéri Katalin egyetemi docens



      El tema de la ponencia es la presentación de la vida de la mujer azteca[1] en el siglo XVI, teniendo en cuenta sobre todo su educación. La ponencia presenta brevemente el papel desempeñado por las mujeres en México durante la conquista, sus preocupaciones cotidianas, su posición social. Tratando sobre su educación y sus deberes, nosotros utilizabamos (como la fuente más importante de esta investigación) el trabajo de Fray Bernardino de Sahagún, cuyo título es Historia general de las cosas de la Nueva España.[2]

Las fuentes y las limitaciones de la investigación

      Durante el desarrollo de la investigación nos enfrentamos con varios libros y articulos contemporaneos, en castellano, en francés y en inglés. Ha habido historiadores, etnohistoriadores y arqueólogos que se han interesado especialmente por el estudio de la problemática femenina en el México antiguo, y hay otros investigadores que en sus trabajos sobre las sociedades prehispánicas se han preocupado por expresar su opinión respecto a la situación de la mujer en esas comunidades.[3] Ahora nosotros nos referimos solamente a unas obras primordiales: el trabajo de María Rodríguez,[4] Ferdinand Anton,[5] Jacques Soustelle,[6] Silvia Tarazona[7] y Louise Burkhart.[8] Las fuentes primarias de las investigaciones fueron los libros antedichos de Fray Bernardino de Sahagún, de la segunda mitad del siglo XVI, y que se conservaron en el Códice Florentino, en la lengua náhuatl, castellano y latino.[9] Sahagún (1499?-1590), monje franciscano, es quien con más detalle expresa las condiciones que afectaban a las mujeres indígenas, sus trabajos, sus actividades domésticas,[10] y le interesaba mucho la educación azteca, por eso su obra es muy bien utilizable para estudiar la historia de la educación. Bernardino Sahagún vivió más de 60 años en Nueva España, desde 1529 hasta su muerte.[11] Tenían él y sus colegas franciscanos como misión primordial atraer al cristianismo a millones de indígenas vencidos. Él aprendió muy pronto la lengua náhuatl y trabajó muchos años en varias comunidades nativas. Por el método que diseñó para investigar, y por cuanto obtuvo sobre la cultura de los pueblos nahuas, Sahagún ha sido reconocido como pionero de la antropología.[12]

      Su trabajo es muy importante de verdad en relación con nuestro tema, pues los cronistas en general, como sin excepción fueron varones, muchos de ellos religiosos, se sintieron poco motivados para escribir sobre las mujeres y lo relacionado con ellas. Otra de las limitaciones de esta investigación es que los cronistas españoles se avocaron a escribir prioritariamente sobre la educación, las costumbres, el estilo de vida de la clase dominante, pese a que este grupo sólo constituía menos del 10% de la población.[13] La cuestión básica de nuestra ponencia: cómo era la posición de las mujeres en esta sociedad y como las educaron, como las prepararon para cumplir sus deberes? Muchos investigadores buscan las respuestas, pero hay muchos problemas discutibles en relación con estos temas. El punto básico es la historia y la cultura azteca, la construcción de su sociedad y sus principales valores.

Breve historia de los aztecas

      Después de una larga peregrinación, los aztecas aparecieron en el valle de Méjico a principios del siglo XIII. En 1325 fundaron Tenochtitlan, en medio de la laguna de Méjico, en un sitio pantanoso. En el siglo siguiente ellos realizaron grandes conquistas, y durante esto establecieron nuevas formas de dependencia de los pueblos vencidos, que innovaban el sencillo y primitivo sistema tribal de los nahuas. La base de la organización política y social de los aztecas era el clan. Ellos fueron eminentemente guerreros y debieron su pervivencia precisamente a sus condiciones bélicas, que les permitieron resistir la presión de pueblos más fuertes y superiores en número. La base de su economía era la agricultura, especialmente el maíz, que cultivaron con varientes del sistema usado por los mayas. Eran buenos artesanos, fabricaron todo lo que era necesario para su vida cotidiana. Artísticamente, significan también los aztecas la culminación de los procesos culturales anteriores. La arquitectura, la escultura, la pintura eran practicadas por los aztecas y entre su artesanía se cuenta el trabajo de madera, la cerámica y la plumería. Gracias al arte tenemos una idea bastante exacta de lo que fue la religión azteca. Contaba ésta con un surtidísimo panteón de grandes dioses, entre los que descuellan el sanguinario Huitzilopuchtli, el guerrero Tezcatlipoca, el civilizador Quetzalcóatl (que en realidad es una divinidad tolteca adoptada por los aztecas) o Tlaloc, el dios de la lluvia. Los ritos de su religión eran tremendos y casi siempre sangrientos.[14] Tenían también muchas diosas en su panteón, por ejemplo Tlazolteotl, la diosa quien era el arquetipo de la Madre, de la mujer madura.[15] Así toda la vida entre los aztecas se desarrolla bajo la protección de la religión y no se efectúa ninguna acción sin los auspicios de los sacerdotes, con ceremonias, sacrificios y ofrendas a los dioses, amos y señores de todo su universo.[16] La religión y el ritual jugaban un importante papel en la vida cotidiana de las mujeres también. En lo sucesivo presentaremos cuál era su condición, cómo y para que las educaron en la sociedad azteca – teniendo a la vista las obras de Sahagún.

El parto y nacimiento


      En la mitología indígena nahua los niños eran concebidos en el más alto de los cielos, eran regalos de los dioses, por eso las futuras madres recibían un esmerado cuidado por parte de parientes y parteras, pero tenemos que acentuar que estas atenciones se relacionaban directamente con los recursos económicos, su posición social y (después del parto) con el género del recién nacido. La hora del parto los aztecas llamaban „la hora de la muerte”, la partera hablaba sobre el mundo a la criatura como un lugar de cansancio, arduo trabajo y gran congoja.[17]

      Sahagún escribe sobre el nacimiento de la niña:

      „Hija mía, y señora mía, ya habéis venido a este mundo. Haos acá enviado nuestro señor, el cual está en todo lugar. Habéis venido al lugar de cansancios y al lugar de trabajos y al lugar de congoxas, donde hace frío y viento. Notad, hija mía, que el medio de vuestro cuerpo corto y tomo tu ombligo, porque así lo mandó y ordenó tu madre y tu padre Yoaltecuhtli, que es el señor de la noche, y Yoaltícitl, que es diosa de los baños. Habéis estar dentro de casa, como el corazón dentro del cuerpo.”[18]

      La diferencia en el trato a las mujeres y los hombres ya se evidenciaba desde el nacimiento. Mientras a ellos se les daba la bienvenida, si salía a la luz una niña, según el ritual azteca la comadrona cortaba el cordón umbilical de ella, y lo enterraba bajo las cenizas del hogar, en señal de que no saldría de la casa y tendría cuidado en la preparación de las bebidas y comidas,[19] con palabras siguientes:

      „No habéis de andar fuera de casa. No habéis de tener costumbre de ir a ninguna parte. Habéis de ser la ceniza con que se cubre el fuego en el hogar. Habéis de ser las trébedes donde se pone la olla. En este lugar os entierra nuestro señor. Aquí habéis de trabajar. Vuestro oficio ha de ser traer agua y moler maíz en el metate. Allí habéis de sudar, cabe la ceniza y cabe el hogar.”[20]

      Este ritual nos enseña con claridad que la situación de las mujeres en la sociedad azteca era completamente distinta a la condición de los hombres. Las mujeres aztecas fueron sustraídas de todas aquellas actividades que implicaban riqueza, poder o prestigio, entre las que podemos mencionar el comercio, la guerra, la cacería ritual y el sacerdocio.[21] María Rodríguez escribe sobre esta posición subalterna de las mujeres aztecas que esta se debía – entre otras cosas – al hecho, de que su sociedad era profundamente militarizada.

La educación familiar de las niñas

      Las mujeres aztecas, cualquiera que fuese su status, daban el pecho a sus hijos durante los dos primeros años de vida. A partir de esta edad la rígida división sexual del trabajo determinaba una educación especializada a cargo del progenitor del mismo sexo. La niña aprendía de la madre los quehaceres domésticos y las técnicas del hilado y del tejido, así como los rudimentos del culto.[22] Tenemos que subrayar que la educación femenina entre los nobles en general fue mucho más estricta que la de gente del pueblo. A las niñas se les enseñaba a comportarse con recato y decoro, aprendían desde muy chicas cómo habían de hablar.

      Sahagún escribe:

      „... cuando hablares, no te apresurarás en el hablar; no con desasosiego, sino poco a poco y asiosegadamente. Cuando hablares, no alzarás la voz ni hablarás muy bajo, sino con mediano sonido. No adelgazarás mucho tu voz cuando hablares o cuando saludares, ni hablarás por las narices, sino que tu palabra sea honesta y de buen sonido, y la voz mediana. No seas curiosa en tus palabras.”[23]

      Además las niñas aprendían a honrar a las ancianas y a sus mayores. Los cronistas (Sahagún mismo) cuentan que si las niñas encontraban en su propia casa a algún adulto y no le saludaban, éste se podía quejarse con su madre o con su nana y podían recibir una reprimenda y un castigo. Los atributos que les eran exijidos eran la virginidad, la obediencia, el racato y la honradez.[24] Sahagún escribe que la moza que era buena „presume de la honra para guardarla, es esquiva, escondida, celosa de sí misma, casta, se guarda y tiene mucho cuidado de su honra y de su fama.” Y relata sobre el vestido y el andar conveniente de una niña:

      „Mira que tus vestidos sean honestos... Mira que no te atavíes con cosas curiosas y muy labradas... Mira, hija, que en el andar has de ser honesta. No andes con apresuramiento ni con demasiado espacio, porque es señal de pompa de andar despacio y el andar de prisa tiene resabio de desasosiego y poco asiento. ... Irás derecha y la cabeza poco inclinada.”[25]

      Como este texto y las otras fuentes nos enseñan, entre los aztecas „era muy importante la enseñanza del comportamiento y las normas morales, en las que la mujer debía de asumir una actitud de humildad.”[26] Se esperaba que fueran mansas, pacíficas, que practicaran la castidad, la honradez. Se les pedía que fueran consideradas y discretas, siempre atentas y solícitas a los deseos de los demás sirviéndolos, humillándose y respetando a todos. Sahagún escribe sobre la buena madre: „Es como esclava de todos los de su casa. Congóxase por la necesidad de cada una. (...) Es guardadora. Es laboriosa o trabajadora.”[27] Y sus líneas sobre la hija virtuosa son: „La moza o hija que se cría en casa de su padre estas propiedades tiene: es virgen de verdad, nunca conocida varón; es obediente, recatada, entendida, hábil, gentil mujer honrada, acatada, biencriada, doctrinada, enseñada de persona avisada, avisada, guardada.”[28]

      Las mozas por estos motivos vivían apartadas en recintos especiales en los que debían permanecer. No salían de sus aposentos a las huertas y vergeles de su casa a menos que fuesen acompañadas de sus chaperonas. Las tenían tan recogidas y ocupadas en sus labores de costura que casi nunca salían, y si alguna vez eso era necesario entonces lo hacían con mucha y grave compañía. Las padres prohibían a sus hijas conversar a solas con cualquier hombre, ya que tal privilegio se reservaba al marido.

      Una parte muy importante de la educación de las niñas era la asimilación de las actividades del trabajos domésticos. ¿Cuál era el trabajo asignado a la mujer noble? En el libro de Sahagún se lee que el oficio de las mujeres es hilar y tejer, en el siglo XVI ellas eran „obligadas a hacer y guisar la comida”, debían ser diestras y diligentes en la preparación de manjares y bebidas delicadas, y debía ocuparse personalmente también de la confección de los vestidos de su marido y sus hijos, y tenían que guardar y críar a sus niños.[29]

      En general, las mujeres del pueblo los siguientes trabajos domesticos debían realizar: a.) vigilancia y mantenimiento del hogar b.) barrer la casa y el patio c.) lavar los trastos de cocina y la ropa d.) moler el maíz y cacao e.) recolectar vegetales comestibles y leña f.) cocinar y preparar los alimentos y guisos g.) ayudar a las tareas agrícolas en la milpa o en el huerto familiar y colaborar como auxiliar en las actividades artesanales h.) hilar, tejer y bordar la ropa para la familia y para el tributo i.) alimentación, educación, cuidado y socialización de los niños.[30] Además – como escribe Sahagún – las mujeres que pertenecían al grupo más pobre de la sociedad azteca, a diferencia de la noble, tenían que dedicarse a la venta de algunos artículos y servicios en el mercado para obtener ingresos que le permitieran completar el gasto familiar. (Es verdad que Sahagún es el único cronista que menciona la participación femenina en este tipo de transacciones y es posible que hubiera sido ejercida por un número insignificante de mujeres.)[31]

La educación formal

      En la sociedad azteca existían tres tipos de escuelas: calmecac, telpochcalli y cuicacalli. Calmecac y telpochcalli funcionaban en el templo, y cada una de ellas estaba dedicada a deidades diferentes. Las niñas – igualmente que los niños – podían asistir a estos lugares de la educación formal; en general su escuela estaba enfrente de la casa de los hombres. –Las muchachas eran enviadas al templo por una promesa, generalmente proveniente de los padres, la cual consistía en servir al templo por un año, varios años o hasta se casaron. (...) Había muchas que desde pequeñas se criaban allí.”[32] Cuando los padres ofrecían a sus hijos o hijas al templo, hacían grandes festejos. Así nos relata sobre ésto en su obra Sahagún:

      „Y cuando el niño o niña era prometido de meterlo en el monasterio, los padres hacían fiesta a los parientes. Dábanlos a comer y beber. Y si el padre y la madre querían meter a su hijo o hija en el monasterio que se llaman telpochcalli, enviaban a llamar al que allí era mayor, que le llamaban telpuchtlatoque.[33] Comían y bebían y daban dones, mastles y mantas y flores por vía de amistad. Y el principal de aquella religión que llama telpochcalli, después de haber comido y bebido y recibido dones, tomaban en brazos a la criatura, hembra o varón, en señal que ya era su súbdita todo el tiempo que estuviese por casar, y en señal que ya era de aquella religión o manera de vivir que llaman telpochcalli...”[34]

      Como escribe Sahagún, los padres dirigieron palabras muy hermosas a sus niñas entradas a la escuela:

      „Hija mía, muy amada, chiquita, delicada, palomita la más amada.... mira, que no vas a alguna casa de malas mujeres, donde se vive mal, que no vas sino a la casa de Dios, donde Dios es llamado y adorado con lloros y con lágrimas.... en este lugar quien llora y quien es devoto, y quien suspira, y quien se humilla, y quien se llega a nuestro señor, hace gran bien para sí...”[35]

      La enseñanza formal de las niñas era pagada por los padres y familiares de ellas y consistía en dádivas como escobas para barrer, incensario de barro e incienso llamado copalli blanco, así como leña, que se entregaban al quacuillio sacerdote. Sobre ésto cada veinte días las madres de las niñas tenían que llevar al calpulco o parroquia de su barrio otras ofrendas, como codornices, flores, cañas de humo, comida y una manta llamada tlacaquachtli.[36]

      Desgraciadamente, por ausencia de las fuentes primarias no podemos establecer exactamente la índole de estudios que se les impartían en las escuelas de las niñas aztecas. Pero sabemos mucho sobre sus deberes y trabajos durante los años de la educación formal. La vida de las muchachas consistía en preparar los alimentos a los dioses, debían de moler y hacer el cacaotl, también debían de barrer los patios y la parte baja de los templos, porque no les estaba permitido subir a lo alto de ellos. Tejían hermosas mantas para los vestidos de los dioses y hacían adornos de los mismos. Por supuesto, una de las más importantes labores que desempeñaban estas mujeres en el templo era su participación en todas fiestas y rituales a sus dioses, que eran muchísimos, participaban danzando y cantando ante los ídolos y naturalmente su actitud debía ser muy honesta.

      Una de las cosas más importantes en el comportamiento de las niñas era su castidad y honradez, y el castigo al no cumplimiento de estos dos preceptos era la muerte. No se les permitía reírse con un hombre y si lo hacía le daban penitencia.

      Sahagún escribe como hablaron los padres a sus niñas:

      „Mira que te guardes mucho que nadie llegue a ti, que nadie tome tu cuerpo. Si perdieres tu virginidad y después desto te demandare por mujer alguno y te casaras con él, nunca se habrá bien contigo ni te tendrá verdadero amor. Siempre se acordará de que no te halló virgen, y esto te será causa de gran aflicción y trabajo. Nunca estarás en paz; siempre estará tu marido sospechoso de ti. Oh, hija mía muy amada, mi palomita! Si vivieres sobre la tierra, mira que ninguna manera te conozca más que un varón.”[37]

      En lo que concierne a los castigos de las niñas tenemos muchos relatos. En general los castigos eran muy rigurosos. „El más conocido de ellos era el de tostar chiles y hacer aspirar el humo al castigado, pero hay relatos que dicen que también se les untaba con chile cuando un especial eran deshonestas y coquetas. También les daban de pellizcos en las orejas y los brazos”[38] y según el Codice Mendocino[39] eran castigadas con púas de maguey clavadas en el cuerpo. Todos estos castigos eran por no cumplir su trabajo, por ser traviesas, flojas o si se ausentaban de su labor o si salían a la calle.[40]

      El tercer tipo de las escuelas era el cuicacalli, donde se reunían hombres y mujeres para aprender los múltiples ritos y ceremonias en los que participarían con su música, canto y danzas. Según las fuentes todas las ciudades tenían estas escuelas, estaban junto a los templos, eran unas casas grandes y muy bien edificadas. En general entre los diecisiete y los veinte años la mujer azteca finalizaba su educación y comenzaba una nueva etapa: la vida matrimonial.[41]

      Después de la ceremonia de casamiento la vida cotidiana de las casadas aztecas se repartía entre las actividades domésticas y el culto a los dioses. El deber más importante de las mujeres era la educación de sus hijos. Cuando las mujeres ya no eran fértiles, no perdían su valor dentro de la sociedad. Por el contrario, se les reverenciaba y quería porque habían adquirido la experiencia y la sabiduría. Sahagún en su obra se acorda de las abuelas y bisabuelas: „En esta lengua para decir abuela tiene vocablo particular que es citli o teci. La abuela tiene hijos, nietos y tartaranietos. La condición de la buena abuela: reprende a sus hijos y nietos, ríñelos y doctrínalos, y castígalos; enséñalos cómo han de vivir. (...) La bisabuela es de edad decrépita. Es como niña en la condición. La bisabuela buena es digna de ser loada, digna que se le agradezca el bien que hizo a sus descendientes. Glórianse los descendientes de nombrarla por su bisabuela.”[42]

Conclusión

      Sumariamente se puede establecer que entre los aztecas las muchachas en su niñez enseñaban en la familia, y desde su mocedad a menudo estudiaban en una escuela. Según su genealogía, ellas tenían deberes divergentes, por eso recibían educación diferente, pero independentemente de su origen todas tenían que vivir una vida honesta, modesta, posiblemente virginal y laboriosa. Es importante subrayar que los aztecas amaban a sus hijos, manifestaron mucha solicitud hacia su educación, tenían escuelas maravillosas y muy bien organizadas. Creían en la fuerza e importancia de la educación, y sabían que para guardar una cultura de alto nivel, para hacer prosperar una sociedad es necesario la organización de la transmisión de sus valores y tradiciones.

      La conquista europea rompió su civilización, pero unos cronistas (como Sahagún mismo) nos inmortalizaron la historia y fama de los aztecas. El tema de mi ponencia merece más investigaciones aquí, en Europa, pues tenemos que crear una nueva historia de la educación. El siglo XXI nos obliga a cambiar del paradigma de esta disciplina: tenemos que estudiar una historia verdaderamente universal. Para solventar las dificultades del mundo actual, debemos aprender y sacar fuerzas de los valores antiguos.

      Las fuentes del siglo XVI, sobre todo la obra examinada por nosotros, el libro de Bernardino de Sahagún relatan sobre la historia gloriosa e impresionante de los aztecas. A pesar de los problemas del análisis crítico[43] se puede declarar que comparando su obra con otras fuentes primarias las informaciones de Sahagún son útiles e inspirantes. Naturalmente, él también – como los otros cronistas de la época[44] – reflecionaba su educación, su religión y cosmovisión en sus libros, por eso tenemos que leer con mucho crítico sus obras. A pesar de todas limitaciones y problemas de investigación, siguiendo sus pasos y utilizando las otras fuentes, tenemos que conocer la cultura azteca, en general a los otros, gentes de lengua y cultura radicalmente distintas a nosotros, para planificar un futuro más feliz.


NOTAS
  1. Verdaderamente en la lengua nahuatl todos los gentilicios terminados en ca son formas plurales. Por ejemplo: azteca es el plural de aztecatl. Por eso añadir la s castellana da origen a una reduplicación de plural. A sabiendas esto fenómeno gramatical, nosotros escribimos esta expresión como costumbre en la lengua castellana. Ver: Nahuatl: The aztec Language – Basic Grammar. http://www.acoyauh.com/nahuatl.html (2003.02.12.); Diccionario náhuatl. Instituto Lingüístico de Verano, A. C. Londres-Coyoacán, 2002.

  2. SAHAGÚN, Fray Bernardino de: Historia general de las cosas de Nueva España. Ed. Alianza, Madrid, 1988. 1-2. (Introducción, paleografía, glosario y notas de Alfredo López Austin y Josefina García Quintana.)

  3. RODRÍGUEZ, María J. S.: La mujer azteca. Universidad Autónoma del Estado de México, México, 1991. p. 27.

  4. Ibid.

  5. ANTON, Ferdinand: La mujer en la América antigua. Ed. Extemporáneos, México, 1973. Ver en húngaro: A nõ a Kolumbus elõtti Amerikában. Corvina, Budapest, 1976.

  6. SOUSTELLE, Jacques: La vie quotidienne des Azteques a la veille de la conquete espagnole. Hachette, Paris, 1955.

  7. TARAZONA, Silvia Garza: La mujer mesoamericana. Planeta Mexicana, México, 1991.

  8. BURKHART, Louise M.: Gender in Nahuatl Texts of the Early Colonial Period: Native „Tradition” and the Dialogue with Christianity. In: Gender in Pre-Hispanic America. Ed.: KLEIN, Cecilia F., Dumbarton Oaks Research Library and Collection, Washington D. C., 2001. pp. 87-107.

  9. Ver: Aztec Manuscripts. http://pages.prodigy.com/BGonline/awaztec.html (2003.02.12.)

  10. RODRÍGUEZ op. cit. p. 25.

  11. Sobre su vida: LEÓN-PORTILLA, Miguel: Bernardino de Sahagún, 1499-1590. UNAM/El Colegio Nacional, México, 1999.

  12. LEÓN-PORTILLA, Miguel: Sahagún: la fascinación por el Otro. = La Aventura de la Historia, Madrid, Diciembre 1999., 2/14. pp. 62., 69.

  13. RODRÍGUEZ op. cit. p. 25.

  14. Historia de España y America social y económica. I. (dir.: J. VICENS VIVES) Ed. Vicens-Vives, Barcelona, 1982. pp. 496-499.

  15. OJEDA DÍAZ, Maria de los Ángeles: Las Diosas en los Códices del Grupo Borgia: Arquetipos de las mujeres del postclásico. http://www.arts-history.mx/diosas/ (2002.10.29.)

  16. TARAZONA op. cit. p. 20.

  17. Ver: Az aztékok: a vér és csillogás birodalma. (szerk.: ANKER, Ch. – DANFORTH, K. C. – SOMERVILLE, R.) Gemini, Budapest, 1993.

  18. SAHAGÚN op. cit. I. (6/XXXI.) p. 415.

  19. TARAZONA op. cit. p. 58. y CHAMORRO, Germán Vázquez: La mujer azteca. = Historia 16., Madrid, VI/58. 1981. p. 104.

  20. SAHAGÚN op. cit. I. (6/XXXI.) p. 416.

  21. RODRÍGUEZ op. cit. p. 85.

  22. CHAMORRO op. cit. p. 106.

  23. SAHAGÚN op. cit. I. (6/XIX.) p. 371.

  24. RODRÍGUEZ op. cit. p. 89.

  25. SAHAGÚN op. cit. pp. 370-371.

  26. TARAZONA op. cit. p. 77.

  27. SAHAGÚN op. cit. II. (10/I.) p. 584.

  28. Ibid. p. 585.

  29. Ibid. (8/XVI.) p. 523.

  30. RODRÍGUEZ op. cit. p. 115.

  31. Ibid. p. 125.

  32. TARAZONA op. cit. p. 85.

  33. No es telpuchtlatoque (plural), sino telpuchtlato (singular).

  34. SAHAGÚN op. cit. I. (6/XXXIX.) p. 437.

  35. Ibid. p. 441.

  36. TARAZONA op. cit. p. 87.

  37. SAHAGÚN op. cit. I. (6/XIX.) p. 372.

  38. LANDA, Fray Diego de: Relaciones de las cosas de Yucatán. Ed. Porrúa, México, 1966. p. 57.

  39. Ver: Códice Mendocino. San Ángel Ed., México, 1979. y ANAWALT, Patricia Rieff – BERDAN, Frances F.: A Mendoza-kódex. = Tudomány, 1992/augusztus. pp. 29-37.

  40. TARAZONA op. cit. p. 80.

  41. CHAMORRO op. cit. p. 107.

  42. SAHAGÚN op. cit. II. (10/I.) pp. 586-587.

  43. Ver sobre esta cuestión BURKHART op. cit.

  44. Por ejemplo Toribio de Motolinía, Diego Durán, Joseph Acosta y otros.

Bibliografia suplementaria



Pécsi Tudományegyetem — BTK – Neveléstudományi Intézet – Nevelés- és Mûvelõdéstörténeti Tanszék
H-7622 Pécs, Ifjúság u. 6. — Tel: (72) 503-600 / 4366
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